viernes, noviembre 12, 2004

Conflictos tribales

Mucha gente no entiende las claves de muchos de los conflictos que se plantean en el mundo porque los analizan con mentalidad económica (ricos israelies contra pobres palestinos o ricos tutsies contra pobres hutus) o de simple encono de las personas (Arafat contra Sharon). Sin embargo, las tribus son la organización más antigua de la humanidad y son fuente de gran parte de las guerras actuales.

Algunos rasgos de la cultura tribal son:

  • Antigüedad. Las tribus van desapareciendo pero no se crean otras
  • Origen en la lucha por la supervivencia material. La única manera de comer era impedir que otros, los extraños, los miembros de otra tribu, pudieran acceder al territorio del que se alimentaba la tribu o hacerse miembros de ella. De ahí la frecuencia con que los miembros de una tribu acuden a guerras de exterminio de otras tribus o al terrorismo contra estados que les tratan de imponer la convivencia con otra gente sobre la base de reglas explícitas (leyes) que dejan para el ámbito personal los rasgos culturales tribales
  • Obsesión compulsiva por la posesión en exclusiva de un terreno, etc. como vestigio de la época en la que la supervivencia de la gente estaba fundamentada en la posesión del terreno. La gran problemática de la lucha por el terreno en exclusiva es que no permite compartirlo. Por ello, muchas gentes de ambos bandos luchan por ello
  • Lucha por la supervivencia histórica. Una tribu sabe que sus días están contados. Ya nadie crea tribus para gestionar las sociedades. Una persona que defiende una tribu será extremadamente violenta en su defensa pues sabe que una vez desaparecida no volverá a nacer y él, como miembro de una tribu extinta no podrá hacerse miembro de otra tribu y se sentirá extraño en una sociedad de otro tipo. De ahí que los movimientos de "liberación del pueblo X" suelan acudir al terrorismo contra todo el que quiera imponerle normas ajenas a su cultura
  • Adcripción a la tribu por nacimiento, usualmente de madre de la tribu
  • Uso de la palabra pueblo (referente local a la tierra de nacimiento) para denominar a la sociedad con preferencia a la palabra nación (nacido en un lugar, no miembro de un pueblo)
  • Mitos propios que relatan la mágica diferencia de la tribu y su diferencia con el resto
  • Referencias a héroes, muchas veces mitológicos - inventados, cuyo comportamiento es idealizado como referencia para el resto de la sociedad y que impiden que la gente progrese o cambie de comportamiento al traicionar al héroe. Es especialmente interesante el héroe fundador de la sociedad o padre del pueblo, al que, de haber existido, se le despoja de cualquier aspecto humano, para hacer de él un semidiós indiscutible, ejemplo y guía inamovible que impide el progreso
  • Tendencia a tener una religión propia o una variante de una religión universal, para ese pueblo, con un dios que les protege del resto
  • Ritos sólo bien conocidos por los miembros de la tribu que hagan visible su pertenencia a ella y creen en la persona la sensación de diferencia y permitan que otros les identifiquen como tales y les acosen e insulten, lo que impide que se vayan de la tribu. Esos ritos servirán además de filtro para los no iniciados
  • Lengua propias que impidan la infiltración indiscriminada de gentes de otros colectivos ya sea para formar parte de buena voluntad de la tribu o para espiar. De ahí la dificultad del espionaje en esos círculos de confianza por nacimiento
  • Escasa diferenciación de las personas, con la consiguiente pobreza en conocimientos y por tanto en medios. De ahí que las tribus suelan proliferar más entre sociedades pobres que entre ricas
  • Referencia a democracias populares, uso de la asamblea en vez de parlamento, decir que la voz del pueblo es la que se oye en las manifestaciones o en la calle, decir que quien "encarna" al pueblo es el líder, etc
  • Promoción por los líderes de movimientos de masas fanáticos en los que "el pueblo" se levanta en armas para aniquilar al adversario sin mediar lógica estructurada pues se prefiere crear en la gente la sensación de ser uno más del pueblo en armas a diferenciar papeles de cara a lograr avances posibilistas en todos los frentes de la vida
  • Marcada tendencia al mandato indefinido y casi perpetuo de una persona que encarna a la sociedad. Es el jefe de la tribu, que ejerce su mandato en muchas ocasiones hasta su muerte. Se supone que esa persona sabe lo mejor para su pueblo y que esa sabiduría nace de su experiencia, por lo que la edad, lejos de ser un inconveniente, es una ventaja. Esta persona puede verse acompañada en el puesto por un sumo sacerdote o ideólogo, que mantiene fijas las reglas culturales de la tribu. Quién es miembro o no de la tribu, qué se supone debe hacer un buen miembro de la sociedad, etc. Esta dualidad gestor ideólogo es muy frecuente y se dió en personajes tan conocidos como Nehru y Ghandi. Algunas escasas veces aparecen personas que encarnan el doble papel. Con frecuencia una parte llega a dominar a la otra.
Un ejemplo interesante lo tenemos en el conflicto palestino israelí. Ambas sociedades son parcialmente tribales, aunque formen parte de mundos más amplios (el mundo musulmán o el judio) y no todos sus miembros actúen de esa manera. Curiosamente, desde hace miles de años se lleva librando un conflicto tribal en esa zona del planeta que no pudo ser resuelto por imperios como el romano, el turco o el británico. Un imperio como el romano pudo integrar y/o eliminar las tribus celtas o íberas en la península ibérica o las galas en Francia, pero no pudo integrar facilmente a los israelitas, llegando a deportarlos. La propia Biblia nos habla de la lucha por la supervivencia del pueblo judio, que es un ejemplo digno de asombro, ante tantos y tan grandes enemigos. Tras muchas expulsiones se creó una cultura de supervivencia tribal muy potente, así como un deseo constante de vuelta a la normalidad en la tierra prometida y perdida. Eso cristalizó en las propuestas de vuelta a Israel, de Theordor Herzl, el ideólogo del sionismo político o de Zeev Jabotinsky, otro ideólogo que se permitió confiar en la tenacidad de su pueblo cuando dijo "Dadme cien años de guerra y crearé una nación".

Aunque menos conocido por sus ragos diferenciales, algunos palestinos se reclaman desciendientes de los cananeos, una civilización que entre 3000 y 1100 AC, ocupaba lo que es hoy Israel, Cisjordania, Líbano y gran parte de Siria y Jordania. Según algunos hallazgos arqueológicos pudiera ser que Jerusalem hubiera sido fundada por los cananeos. Estas reclamaciones de legitimidad en la posesión anterior del territorio son importante para ambos bandos tribales por la significación del territorio para la identidad de la tribu. En Éxodo 23:31 se recogen las tribus que poseían ese territorio a la llegada del pueblo judio: "heteos, gergeseos, amorreos, cananeos, ferezeos, heveos y jebuseos: siete naciones mayores y más fuertes que tú". Posteriormente, hacia el 1.700 AC parecen haber comenzado la colonización de la franja costera de esa tierra un pueblo de origen cretense-griego, los filisteos. Los filisteos terminaron por apoderarse del terreno de los cananeos, siendo por ello considerables como sus herederos en esta pugna. Los pelishtim (filisteos) se estinguieron tras siglos de lucha contra los israelitas. Tras la marcha de los judios expulsados por los romanos, se fueron integrando en las antiguas tribus cananeas algunos persas, samaritanos, griegos y árabes. Fueron estos últimos quienes les dieron el nombre Filastin en recuerdo del nombre "filisteo" de la región. Y, sobre todo, les dieron algunas nuevas señas de identidad cultural y la religión. Pero no debe olvidarse que el Islam vino a unificar tribus, pero que las tribus en gran parte sobrevivieron. Es en nuestros días cuando el pueblo palestino se redefine a si mismo, más allá de la suma de tribus y clanes que está en su origen, y busca señas de identidad, ritos y héroes que tiene en menor medida que el pueblo judio. De ahí la referencia a nuevos héroes y mitos, como Arafat. Y la necesidad de definirse contra otra tribu, los judios, mientras que los israelitas no se definen por contraposición a ellos.

La solución occidental moderna al problema (Conferencia de Madrid, acuerdo de Camp David) es inaceptable para bastante gente de ambas parte, pues se basa en un acuerdo, que hace referencia mental a una democracia representativa y no popular que cree reglas/leyes aceptables por ambas partes por referirse a elementos cotidianos (tráfico, comercio, etc), dejando los aspectos tribales en el ámbito personal. Aunque ambas partes tienden a tener un sistema democrático, el peso de los aspectos culturales es todavía muy importante en algunos partidos. Aunque en Israel se da el caso de ciudadanos israelitas no judios y de origen palestino, no es facil deslindar quienes son estos ciudadanos de origen palestino que creen en una nación multicultural y son leales a la nación Israel y quienes se adhieren a la tribu. También se produce el problema entre los palestinos de la imperfección de su incipiente democracia que ha dado lugar a un héroe-líder vitalicio como Arafat. Por ello, las intermediaciones occidentales no acaban de cuajar al propugnar un acuerdo explícito de convivencia/compartición a civilizaciones de base cultural tácita.

Tampoco podemos basarnos los occidentales en otros antecedentes de nuestro propio desarrollo. Si escarbamos en nuestra historia surgen anécdotas como el rapto de las Sabinas que demuestran cuan facilmente se agotan las tribus si el invasor rapta a las mujeres del enemigo. Éste no puede reproducirse o ha de hacerlo con mujeres que no transmiten la pertenencia a la tribu y por otra parte los hijos de estas mujeres raptadas con sus captores no son considerados miembros de la tribu de las madres, por lo que sólo pueden adscribirse a la tribu del padre. Este fenómeno se potenció entre los romanos con la transformación en nación multitribal y con el estacionamiento de legionarios en activo y retirados en los terrenos conquistados para que pudieran establecer familias locales. Esta historia es imposible de ser reproducida por todo género de razones morales y éticas. La época de la barbarie no puede ser una referencia para el progreso al siglo XXI. Acabar con un problema tribal mediante un genocidio es costumbre de las tribus, pero no de personas civilizadas.

Otra solución "práctica" sería enviar emigrantes occidentales a esa zona, que se interpusieran entre ambas partes y terminaran por cambiar su cultura. Esa operación pudo llamarse en su época el misionero y más tarde el misionero con soporte militar (las cruzadas) y luego el misionero, los militares y los administradores (el imperio británico). Pero hoy occidente ha perdido espíritu evangelizador. Queda lejos la posibilidad de que la Iglesia Católica u otra, mande miles de apóstoles con espíritu de martirio, dado que posiblemente muchos fueran amenazados o incluso asesinados. No en vano un misionero de fe universal está atentando contra las bases de la cultura tribal. Tampoco está clara la posibilidad de mandar tropas de interposición ni de lograr que la ONU, o una nación bajo mandato de la misma, se haga cargo de la gestión de la zona. Tampoco es factible convencer ni, aun menos forzar, a personas occidentales para que emigren masivamente y se interpongan en esa zona. Eso se ha hecho recientemente por los soviéticos, pero no está ya en nuestra cultura. Sólo quedan unos cuantos misioneros de occidente: los comerciantes, pero el comerciante si ha de elegir entre un Israel próspero y tecnológico y una Palestina empobrecida, estará sesgado salvo que se le pague con fondos internacionales. En todo caso, se debería lograr que el comercio fuera tripartito y eso es cada vez más dificil. Los únicos emigrantes voluntarios son las personas de estas tribus formadas en Occidente. Una emigración masiva de judios no sionistas podría alterar el equilibrio tribal, aunque al sentirse integrados en países prósperos de Occidente ya no sienten la llamada desesperada del terruño. Y los que emigraron de otras partes del mundo por la pobreza o la persecución no fueron suficientes para transmitir una cultura judia occidental.

Una ventana de esperanza es que con nuevos líderes surjan nuevas alternativas. Con Arafat podría ocurrir como con Franco y comenzar una transición. En España era más facil puesto que nuestros vecinos nos querían como miembros de su comunidad. Para ello, tras unas nuevas elecciones en Israel, debería ocurrir algo semejante.

Claro es que estoy dando por supuesto que mi cultura occidental es mejor y que ellos la van a desear. Y ese es tema de otra reflexión...